UN CONFLICTO CÓSMICO REAL. El zarandeo: el caso de Babilonia y el caso de Israel. El contraste repetido en el Nuevo Testamento
EL ZARANDEO: EL CASO DE BABILONIA Y EL CASO DE ISRAEL. EL CONTRASTE REPETIDO EN EL NUEVO TESTAMENTO
EL
CASO DE BABILONIA
“Huid
de en medio de Babilonia, y librad casa uno su alma, porque no perezcáis a
causa de su maldad: porque el tiempo es de venganza de Jehová; darále su pago…En
un momento cayó Babilonia, y despedazóse: aullad sobre ella; tomad bálsamo para
su dolor, quizá sanará. Curamos a Babilonia, y no ha sanado: dejadla, y vámonos
cada uno a su tierra; porque llegado ha hasta el cielo su juicio, y alzádose
hasta las nubes” (Jeremías 51.6-9)
El
texto nos habla del intento divino por curar a Babilonia (quizá sanará”), así como
del rechazo al remedio por parte de esta. Habiendo agotado finalmente su tiempo
de gracia, una vez declarada incurable como pueblo, Dios amonesta a que salgan
de ella, de forma individual -cada uno- aquellos que, siendo ovejas suyas,
militan aún en Babilonia. Dios nos ha hecho portavoces de ese mensaje.
No
tiene ningún sentido que el pueblo de Dios se aproxime a Babilonia, “porque Jehová
destruye a Babilonia”. Nuestra misión no consiste en intentar la restauración
de Babilonia, y aún menos en considerar que forme parte del pueblo de Dios,
sino en dar el llamamiento “cada uno” de los que están en ella para que la abandonen.
“Salid
de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su vida de la ira del furor
de Jehová” (Jeremías 51.44-45)
Babilonia
está abocada a la destrucción. No tiene remedio como entidad o colectivo. Pero
sí hay remedio para quienes, militando en ella, no han rechazado la gracia por
no haber tenido mejor oportunidad de conocerla, y ese remedio consiste en salir
de ella “cada uno”. Han de oír la voz del Buen Pastor a través nuestro, y los
que reconozcan esa voz, vendrán a engrosar las filas de su pueblo remanente.
EL
CASO DE ISRAEL
En
contraste, toda la historia sagrada no hay ni un solo llamamiento a salir del
pueblo de Dios, por más hundido en la apostasía que haya podido estar:
“En
aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada,
y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los
que yo hubiere dejado” (Jeremías 50.20).
“No
ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios
está con él, y júbilo de rey en él” (Números 23.21)
EL
CONTRASTE, REPETIDO EN EL NUEVO TESTAMENTO
El
mismo cuadro aparece en Apocalipsis: Babilonia no tiene remedio. Dios la ha
declarado incurable y ha decretado su destrucción. Para el pueblo de Dios,
acercarse a Babilonia significa apostasía. Sólo podemos acercarnos a Babilonia
alejándonos de Dios. Pero hay salvación individual para quienes, aun estando en
ella, forman parte del pueblo de Dios. La condición sine qua non es que oigan
el llamado y salgan de Babilonia:
“Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y
se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y
albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han
bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han
fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la
potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella,
pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de
sus plagas” (Apocalipsis 18.2-4)
En
contraste, el pueblo remanente del tiempo del fin, Laodicea, junto a una severa
amonestación y ninguna felicitación, recibe toda una invitación al
arrepentimiento como pueblo:
“Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y él conmigo”. (Apocalipsis 3.19-20)
“Se
pues celoso, y arrepiéntete” son palabras dichas al “ángel” (“los ministros de
Dios [que] están simbolizados por las siete estrellas, las cuales se hallan
bajo el cuidado y protección especiales de Aquel que es el primero y el
postrero” OE 13-14, ver también Hechos de los Apóstoles p. 468). Es decir: esas
palabras van dirigidas al ministerio de la iglesia de Laodicea, en
representación del todo el pueblo. ¡No hay ningún mensaje parecido a ese que se
dirija a Babilonia!
Hoy
no es lo más fácil de imaginar, pero es nuestro privilegio creer que Dios va a
vencer en el gran conflicto de los siglos, y que va a tener una “esposa”, un
cuerpo denominado de creyentes, que le dé la gloria finalmente mediante la
perfección en su -celoso- arrepentimiento:
“Gocémonos y alegrémonos y démosle
gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.
Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente:
porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19.7-8)
De militante a triunfante: el zarandeo, LB
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